Exijo mi postre

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La vida debería terminar con un gran postre. De esos que te dejan buen sabor de boca. De los que fichas nada más ver la carta pero sabes que tienes que esperar a que llegue su momento y que, cuando ves venir al camarero con tu elección, se te hace la boca agua. El típico postre que compartes por educación, pero que te lo tomarías entero tú solo. Porque todo debería tener un final dulce, una guinda en el pastel. Para acabar chupándote los dedos y con la sensación de haberlo hecho de la mejor manera.

Paula Pastor.

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