Calma

Imagen Pinterest

El 2020 me enseñó a valorar lo que tengo. Este año, he decidido aprender a tomarme la vida con calma. Calma en lo personal, calma en lo profesional, calma en lo sentimental, calma en el día a día.

Me he propuesto no ponerme tiempos imposibles y dejar de lado el calendario y el reloj. Estar presente en el presente. No anticipar ni agobiarme por todos esos “y si…” que luego no.

Yo, que en invierno planificaba las vacaciones de verano. Que los lunes me agobiaba si no sabía qué iba a hacer el fin de semana. Que nada más graduarme ya quería tener un trabajo que me entusiasmase. Y que miles de veces me ha preocupado saber dónde estaré dentro de cinco años.

Estoy aprendiendo a disfrutar de la incertidumbre, de no saber qué vendrá y sentir el vértigo de no tenerlo todo controlado. A hacer las cosas “despacito y con buena letra”, como diría mi aitona. A adaptarme a los imprevistos y confiar en que tenemos herramientas suficientes para enfrentarnos a lo que venga.

Y es que, con calma, las cosas también se consiguen. E incluso se saborean más. Como ese helado que te tomas despacito porque no quieres que se acabe y tampoco temes que se derrita.

Paula Pastor.

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