De pequeña me daba miedo la luna

Fotografía de Paula Pastor

De pequeña me daba miedo la luna.

Estoy escribiendo esto mientras la observo sentada en mi terraza.

Puede que hayan pasado muchos años desde que por las noches no me atrevía a salir a la calle porque ahí, en el cielo, estaba la luna.

La luna me miraba, la luna me escuchaba, la luna vigilaba todo y, lo peor, la luna me seguía a todas partes. Hasta cuando íbamos de vacaciones a 600 kilómetros de mi casa de Madrid, la luna estaba ahí. Nunca entendí por qué tenía ese miedo a la luna.

Y será que no me esforcé por entender todos y cada unos de mis miedos; hasta que comprendí que son irracionales.

Después descubrí que yo soy un poco luna.
Yo también tengo dos caras y tiendo a ocultar la que no me gusta.
Yo también sufro cambios cada 28 días.
Yo también tengo heridas en la piel, como si fueran cráteres en su superficie.
A mí también me gusta salir de noche y disfrutar del silencio que queda cuando todos duermen.

Quizá huir de la luna sea huir de mí misma.

Quizá perder el miedo a la luna, sea perder el miedo a esa parte de mí que temo descubrir.

He decidido cambiarlo.
Ahora trepo, un poquito cada día, para llegar a alcanzar la luna. Y creo que se parece a trepar, un poquito cada día, para encontrarme verdaderamente a mí misma.

Paula Pastor.

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